
♫ Toda música es lo que despierta en tí
cuando te acuerdas de ella por los instrumentos
No está en los violines y cornetas ♫...
ni en la partitura del cantor barítono,
Está más cerca y más lejos que ellos.
Walt Whitman ♫



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Lira: Cinco Historias sobre Poetas Pobres
Se dice que Chile es tierra de poetas: Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Nicanor Parra, son tan sólo algunos. De norte a sur, de oriente a poniente, ayer y hoy, los chilenos poseemos un gran talento poético, lamentablemente muchos han quedado en el olvido, y otros mueren sin siquiera habernos enterado de su existencia. Nos hace falta realizar un verdadero reconocimiento a lo que poseemos y no que lo reconozcamos una vez que ya haya ganado la estima y la consideración del resto del mundo, menos de nosotros. Pero cómo poder reconocer y valorar lo que poseemos si apenas lo conocemos.
Hoy la poesía es para unos pocos, la “cultura”[1] es para unos pocos, pero en la segunda mitad del siglo XIX, el pueblo entero se enteraba tanto de los asuntos acontecidos en
La hegemonía de la oligarquía chilena, en el plano socio cultural de aquel entonces, se explica por un complejo entrecruzamiento de fuerzas tanto políticas como sociales y culturales. La oligarquía, detentaba la dominación material y también la espiritual e intelectual: dominaba el mercado cultural, la prensa escrita, la lectura y la escritura, la educación escolar y universitaria, las compras y ventas, los espectáculos escénicos y musicales, y por ende, también el gusto, los criterios estéticos y el canon oficial de la época. Según Williams, “lo que resulta decisivo no es solamente el sistema consciente de creencias, significados y valores impuestos, es decir la ideología dominante o perspectiva de clase, sino todo el proceso social vivido, organizado prácticamente por estos valores y creencias específicos.” (Williams: 130)
Pero la hegemonía no es solamente el nivel superior articulado de ideología (sistema consciente de creencias, significados y valores impuestos) y sus formas de control y dominio, sino que ésta constituye todo un cuerpo de prácticas y expectativas en relación con la totalidad de la vida; es entonces un "sentido de la realidad". Williams llega a afirmar que "en el sentido más firme, es una cultura, pero una cultura que debe ser considerada asimismo como la vívida dominación y subordinación de clases particulares". (Williams: 132) Al identificar esta dominación-subordinación de clases, estamos identificando una particular distribución del poder y esto porque la hegemonía relaciona la cultura -entendida como un "proceso social total"- con las distribuciones específicas del poder. (Williams: 129) Es el poder el que finalmente define las posiciones de dominación y subordinación en una sociedad de desigualdad social, como lo era la sociedad chilena de fines de siglo XIX, siendo la oligarquía la clase dominante, y los sectores populares, la clase de los subordinados.
Si bien el mercado cultural era manejado por el sector oligárquico, no toda la producción estaba integrada a su hegemonía, manifestaciones culturales alternativas se mantenían al margen o se hallaban en oposición a ella, sufriendo las consecuencias en sus límites y presiones. Es el caso de
Lo mencionado anteriormente fue motivo de inspiración para los integrantes de
La obra ofrece un abanico de situaciones sociales, cuyo contenido se abre para realizar interesantes reflexiones; se tocan temas como el afán noticioso de los textos en verso, la competencia, el egoísmo y la envidia entre los mismos poetas, el problema de la creación, las crisis sociales, la presencia de lo culto y de lo popular, el peso de la tradición versus la modernización, e incluso problemáticas de género como el papel y posición de la mujer en distintas situaciones de la sociedad, éste está representado por la figura de Rosa Araneda, la única poetisa de
La obra teatral se divide en cinco partes o relatos distintos, pero todos integrados como un todo en la obra mayor. Estas cinco partes son una analogía a las cinco narraciones poéticas escritas en cada pliego de
Con respecto a la vida de los poetas que escribían para
Si nos preguntamos sobre la razón de su marginalidad, esta se debe en parte al particular sistema de producción literaria de aquel período en nuestro país, y a los discursos narrativos hegemónicos presentes en él, que posicionan y determinan las jerarquías de dominancia y subalternidad entre las diferentes especies de capital simbólico y sus poseedores. Este proceso influye en lo que queda dentro y fuera del canon literario oficial, y por tanto, determinará lo que se transmitirá a las siguientes generaciones a través de la educación. Respecto a esto, podemos tomar unas palabras de Pierre Bourdieu en su libro Las Reglas del Arte que hacen referencia a este asunto:
“Hay que plantearse, no cómo alguien llegó a ser quien es, sino cómo dadas su procedencia social y las propiedades socialmente constituidas de las que era tributario, pudo ocupar o producir las posiciones que un estado determinado que el campo ofrecía, y dar así una expresión de las tomas de posición que estaban inscritas en estado potencial en esas posiciones.” (Bourdieu: 319)
A continuación, me adentraré en las cinco historias relatadas en la obra que muestran las particularidades y problemáticas en torno al mundo de la poesía popular presente en
Primer Relato: Los poetas escriben. Fin de Mundo.
Es la primera escena de la obra. En el centro, un hombre sentado, solo y a oscuras, es el ciego Juan Bautista Peralta. El foco lo ilumina y se rompe el silencio, comienza a hablar sobre imágenes del fin del mundo, el Armageddon; necesita escribir sobre ellas para sacárselas de encima, pero no puede; está sólo y nadie lo ayuda. Lázaro, su secretario, es quien de costumbre escribe los poemas que él le dicta, pero no aparece y Peralta comienza a desesperarse más y más. En ese momento entra José Hipólito Cordero, con lápiz y papel en mano, para anotar unos versos rapeados que improvisaba mientras escuchaba su moderno mp3. Luego aparecen Daniel Meneses y Rosa Araneda, la controversial pareja de poetas entra en escena discutiendo, algo no poco usual entre ellos (como veremos más adelante); hasta sus discusiones son poéticas, pues ocurren en décimas. Peralta se acerca a cada uno de ellos a pedirles ayuda para transcribir sus versos, pero pese a considerarlo un gran poeta, ninguno asiente a su petición; cada cual estaba inmerso en su mundo y sus problemas, los que no eran pocos dadas las condiciones de vida de las clases bajas de Santiago. Al verse desamparado, entra en contacto con la realidad y logra entender que aquello que realmente lo afecta, más que la impotencia de no poder escribir, es la impotencia respecto a la situación de precariedad en que viven tantos miles de chilenos como él y sus demás compañeros poetas en comparación al gran lujo en que vivía la oligarquía chilena, correspondiente a la clase dominante de aquel entonces. Es un momento de toma conciencia de las carencias que viven las clases trabajadoras y también de sus reivindicaciones, momento de las mancomunales y de las agrupaciones por gremios. Los poetas populares del XIX no son ajenos a este proceso y en general, contribuyen a difundir esa voz a través de
Según se cuenta, el nombre de Lira Popular nace en nuestro país por idea del mismo Juan Bautista Peralta, como una parodia hecha a la revista de “poesía culta” llamada
Segundo Relato: Las Poetisas sueñan la poesía.
Una paródica escena donde dos poetisas cultas del sector oligárquico o cultura de elite, María Cristina Castellanos y Ester María Ducó, dos mujeres estudiosas y admiradas por su supuesto “talento”, intentan escribir un poema para un concurso convocado por
Todo este juego de siutiquería y alarde de pompa, fineza y educación, paradójicamente ocurre en el campo, las poetisas estaban de “camping”, con “canastita de mimbre”, “sándwichs”, “vinito tinto”, “manzanitas” y “huevitos duros”; pero no podían dejar su notebook en casa, eso jamás, pues en cualquier momento podría bajar la inspiración divina y crear, a través de ellas, el más grande y melodioso poema. Se concentran en silencio, y nada, beben un poco de vino para el estímulo de la imaginación y nada… Más vino y silencio otra vez y nada, nada, nada. Finalmente, estando ya ebrias, logran armar algo, unos versos bastante siúticos y mediocres, pastiche de frases célebres de poetas famosos, pésimamente seleccionados y unidos, que no decían absolutamente nada, pero era algo al fin y al cabo.
Para sorpresa de ambas, el poema resulta ser el ganador del certamen de
La escena entera es una caricatura al sector oligárquico. Y esto por la rivalidad que sentía la clase popular hacia la clase dominante, de allí el irónico nombre de
El mercado cultural chileno de aquellos años estaba, en su mayoría, en manos de la oligarquía, eran ellos la hegemonía y los dueños del discurso tanto político como cultural. Este discurso, como todo discurso, pone en marcha sistemas o procedimientos de exclusión, los cuales se delimitan a través de la instauración de lo prohibido y de lo permitido, llevando a cabo la intencionalidad de los creadores y perpetuadores del discurso, es decir, de la oligarquía, que en ese entonces detentaba el poder. En palabras de Michael Foucault extraídas de su texto El orden del discurso:
“La producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y los peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad” (Foucault:: 9).
La oligarquía, como clase dominante, venía ejerciendo todo un sistema de poder (incluidos una serie de prejuicios), que se transmitía espontáneamente a través de la interacción social por medio de la charla y el texto. Este sector social tenía a su cargo tanto la educación como la producción literaria escrita, espacios utilizados para transmitir su particular “doctrina” de contenido ideológico, político y sociocultural. De esta forma, tanto el discurso hablado como el escrito, iban adecuándose en favor de los intereses de la clase dominante, y esto porque “los discursos no son solamente formas de interacción o prácticas sociales, sino que también expresan y transmiten significados y pueden, por lo tanto, influenciar nuestras creencias sobre los inmigrantes o las minorías” (Van Dijk). De acuerdo a esto, se sostiene que “el discurso puede ser un tipo influyente de prácticas discriminatorias. Y las elites simbólicas, es decir las elite que literalmente tienen la palabra en la sociedad, así como sus instituciones y organizaciones son un ejemplo de los grupos implicados en abusos de poder o dominación” (Van Dijk)
De este tipo de situaciones generadas al interior de los sistemas discursivos y el poder que ejercen en la sociedad, se desprende la razón de la estigmatización y el proceso de construcción de un estereotipo del sujeto popular (y por tanto del poeta popular) que ha sostenido el discurso hegemónico y artístico a lo largo de nuestra historia.
Con respecto a esto, quisiera citar las palabras de Pedro Nolasco Cruz, crítico conservador de la época, cuyos comentarios animaron las páginas de los principales diarios confesionales, particularmente El Diario Ilustrado. Sus palabras referentes al papel protagónico que estaban adquiriendo los sujetos de grupos sociales marginados dentro del criollismo, que comenzaba constituirse poco a poco a como el nuevo movimiento literario de la época, representan un claro ejemplo de cómo el discurso desempeña un papel fundamental en la incorporación de prejuicios discriminatorios:
“Dicen que ese pueblo que pintan, el cual en buenas cuentas comprende principalmente a los proletarios, manifiesta el carácter genuinamente chileno. Es una aberración. El carácter está en el modo de pensar y sentir, y esos autores van a buscar el carácter nacional precisamente en aquellos individuos que menos piensan y sienten… Tales personajes, como también lo que llamamos costumbres, sirve, en las obras de imaginación, presentados en segundo término, para dar color local, para dar realce a otras figuras por el contraste…Busquen nuestros autores asuntos en la sociedad culta… Ahí aparecen las cualidades que nos son propias como chilenos, y qué modos de ser se conservan a través de los cambios que ocasiona la civilización” (Catalán: 160-161).
“…buscar el carácter nacional precisamente en aquellos individuos que menos piensan y sienten…” Creo que don Pedro Nolasco jamás tuvo entre sus manos uno de los poemas de los mejores poetas de
Tercer Relato: Los poetas compiten (y se emborrachan). Contrapunto.
El relato se sitúa en
La moribunda fonda "El Arenal" cobra vida por un momento, gracias a un controversial concurso en que los poetas sacan a relucir lo mejor de su ingenio creativo compitiendo en contrapunto -especie de pregunta y respuesta improvisada, similar al “duelo de payas” en que se buscaba derrotar al contrincante demostrando mayor ingenio y agudeza en el don de la creación de los versos -. Las poetisas cultas, que intentaban conocer el rústico mundo de la poesía popular, se instalan como los jueces de un concurso inexistente, ante sus ojos, eran las espectadoras, de un verdadero “espectáculo” de lo popular. Entre verso y verso, reaparecen las voces, vivencias y dificultades de esos “poetas malditos chilenos” o “poetas pobres”, que lucharon, no por el reconocimiento, sino por la sobrevivencia: la enfermedad, la injusticia, el analfabetismo, el machismo y el alcoholismo se manifiestan en un canto profundamente emotivo que cuenta historias del ayer y del hoy.
Particularmente fuerte es la escena en que Rosa Araneda, única poetisa entre hombres no es escuchada, y anhela que su marido Daniel Meneses, la defienda, pero este sólo le recalca que no hay lugar para una mujer en el mundo de
Esta escena representa como incluso existen las luchas de poder en las relaciones de género dentro del campo artístico. La voz femenina es silenciada en forma agresiva y violenta por el discurso masculino, propio de una sociedad machista como la de aquel entonces en Chile. La mujer en su posición de subordinación queda sola, sin espacio ni lugar, su voz es silenciada al no ser escuchada, y la incapacidad de su habla, termina anulándola frente al poder hegemónico del hombre.
Cuarto Relato: Los Poetas Mueren. Versos por literatura.
El hospital del Salvador se muestra lúgubre y silencioso, Rosa Araneda agoniza, quiere ocupar sus últimas fuerzas en escribir. Daniel Meneses intenta calmar sus ansiosos deseos de escribir, pues está débil y profundamente herida emocionalmente, no tiene las fuerzas ni para sostener el lápiz. Daniel intenta contenerla, pero lentamente Rosa se le iba. Daniel, arrepentido por opacar constantemente si talento y haberle negado un lugar en la poesía, promete escribir en su nombre, para que Rosa Araneda, la única poeta mujer en un mundo de hombres siga escribiendo por siempre.
Quinto Relato: Los Poetas alucinan. Mundo al revés.
El pasado y el presente se entremezclan simbólicamente. José Hipólito Cordero es transplantado a la instalación de Alfredo Jaar en el edificio de
Si bien
FICHA TÉCNICA DE
Nombre: Lira: 5 historias sobre poetas pobres
Dirección y dramaturgia: Mauricio Moro.
Elenco: Rodrigo Bórquez, Tania Carsey, Camilo Fernández, Andrea Giadach, Andrés Guzmán, Johnatan Inostroza, Leonor Lopehandia, Andrea Pereda.
Asistencia de dirección y de dramaturgia: Andrea Pereda.
Diseño: Carlos Gallardo.
Música: Sebastián Arraigada.
Producción:
BIBLIOGRAFÍA:
BOURDIEU, PIERRE. Las reglas del arte. Barcelona: Anagrama, 1995.
CATALÁN, GONZALO. “Antecedentes sobre la transformación del campo literario en Chile entre 1890 y
FOUCAULT, MICHEL. El orden
ORELLANA, MARCELA. Lira popular (1860-1976: pueblo, poesía y ciudad en Chile. Santiago: Editorial Universidad de Santiago, 2005
POLLERI, FEDERICO. “La hegemonía cultural”. 8 Sep. 2009. [http://www.gramsci.org.ar/12/polleri_heg_cult_lucha.htm]
RAMOS, XIMENA. “Dímelo en la calle” en diario
RAYMOND WILLIAMS. “La hegemonía” en Marxismo y Literatura, Buenos Aires: Editorial Península/Biblos, 1977.
VAN DIJK, TEUN A. “Discurso y racismo”. Octubre 2009. [http://www.discursos.org/oldarticles/Discurso%20y%20racismo.pdf]
[1] Cultura entendida bajo el concepto del siglo XVIII, período de